Los niños argentinos crecen hoy en contextos de alta volatilidad emocional y económica. La psicología advierte que la exposición prolongada a la incertidumbre familiar puede alterar el desarrollo de la resiliencia y los vínculos de apego. El futuro demandará políticas de salud mental que reparen el tejido social, evitando que la frustración estructural de hoy se transforme en patologías crónicas.